El Parque Nacional de Ankarana y los Tsingys de Madagascar

El Parque Nacional de Ankarana y los Tsingys

Paisaje y biodiversidad en el parque nacional de Ankarana

Ankarana es una palabra malgache que significa «el lugar donde hay piedras puntiagudas». Una vez en el interior del parque, el viajero comprueba lo acertado de esa descripción, que no requirió mucha imaginación por parte de quien la acuñó.

El Ankarana es, poéticamente, un conglomerado gótico de piedra y, científicamente, un lapiaz (macizo montañoso de roca caliza) en el que la erosión ha creado gigantescos pináculos de aristas afiladas y una red de simas y cuevas que alcanza más de ciento veinte kilómetros de recorrido. Es difícil describir ese paisaje único en el mundo que forman los tsingys (en malgache, rocas afiladas y erosionadas, cuya pronunciación, por cierto, es muy cercana a la palabra que designa el órgano sexual femenino, lo que causa gran hilaridad entre los nativos cuando los extranjeros la dicen mal). Enormes superficies de roca caliza —de hasta veinte kilómetros en paralelo a la costa— han sido trabajadas y erosionadas por profundas simas por las que es imposible caminar.

El parque nacional de Ankarana acoge varios senderos señalizados que permiten descubrir toda su riqueza paisajística y faunística. Si se dispone de tres días, lo más aconsejable es seguir el nuevo sendero que atraviesa de este a oeste toda la reserva. La ruta requiere cierto esfuerzo, pero este queda compensado ante la belleza de los parajes, entre ellos los laberintos de tsingys, que impresionan al visitante con sus formas dentadas como sierras, moldeadas por la acción del viento y el agua durante millones de años.

En ese lugar donde la vida parece algo imposible, los lémures coronados saltan de roca en roca. Esta especie es una de las numerosas que habitan en Ankarana, donde además se encuentran mangostas de cola anillada y tenrecs. La riqueza faunística del norte de Madagascar es tal que solo en el año 2006 se descubrieron en sus parques nacionales cuatro especies de lémur.

Historia y administración

La reserva se creó en 1956 en respuesta a las primeras exploraciones de las cuevas, que revelaron rápidamente el extraordinario potencial turístico del Ankarana. Se ha convertido hoy en un parque nacional, gestionado por Madagascar National Parks (antiguamente ANGAP), la ONG que actúa como principal interlocutor en todo lo relacionado con los parques naturales de Madagascar. Gestiona 43 áreas de protección de la naturaleza, entre ellas las de la Montaña de Ámbar y el Ankarana.

El acceso a la Reserva Especial de Ankarana está prohibido sin un permiso, que puede adquirirse en Mahamasina, sobre la carretera nacional, donde se encuentran la entrada este y la oficina del parque. En el lugar hay disponibilidad de alojamiento y de guías. Descubre el impresionante Parque Nacional de Ankarana con nuestro tour Los Vientos del Norte.

El Reino Antankarana

El pueblo antankarana habita el extremo norte de Madagascar, desde Ambilobe hasta el Cabo de Ámbar y, en particular, las regiones de la Montaña de Ámbar y el Ankarana. Su nombre significa «los del Ankarana». El nombre de la región proviene de la palabra malgache harana, que originalmente designaba al coral blanco y, por extensión, a las rocas blancas de este macizo, esculpidas por la erosión.

Descienden de las tribus sakalava zafinifotsy, empujadas hacia el norte por las guerras. Se establecieron en las islas Mitsio, frente a la costa norte del canal de Mozambique, y en la región del Ankarana, donde se mezclaron con las tribus autóctonas. Los encabezaba un rey, el Mpanjaka.

Los entierros reales

Los primeros reyes fueron enterrados en las islas Mitsio. Más tarde se les enterró en el Ankarana, en la cueva de Ambatomanjahana, cerca del nacimiento del río Antenanankara. Desde 1924 son enterrados en el cementerio de Ambatoharanana.

La familia real hoy

El pueblo real es Ambatoharanana, situado al oeste del macizo. Sin embargo, el actual rey, Tsimiaro III, vive en Ambilobe. Las rivalidades internas entre las distintas ramas reales, principalmente por motivos económicos, han debilitado el poder de la realeza.

El tratado con Francia

En 1841, durante el reinado de Tsimiaro (o Tsimiharo), el Reino Antankarana juró fidelidad a Francia. El texto del tratado se encuentra en el Anexo 4.

Tradiciones y ceremonias

La historia de la realeza antankarana fue escrita por el administrador colonial francés Maurice Vial (1954). Vial describe las tumbas reales y las ceremonias de visita a los ancestros: el Fidirana Andavaka. También relata la principal ceremonia de los antankarana, el Tsangan-tsaigny, que consiste en erigir un mástil con bandera: el mástil Hazosaïna.

Este símbolo del Reino Antankarana es un mástil erigido al sur del pueblo de Ambatoharanana, en memoria del origen de los zafinifotsy. Porta una bandera formada por una estrella de seis puntas y una media luna roja sobre fondo blanco. El mástil está compuesto por dos partes que simbolizan al hombre y a la mujer. Se deja en su lugar hasta que cae de forma natural y entonces se sustituye, lo cual ocurre generalmente cada cinco años.

Las cuevas y las guerras

Las cuevas sirvieron de refugio al pueblo antankarana durante las guerras contra los hova y los merina (tribus de las Tierras Altas) en el siglo XVIII, así como en los enfrentamientos más recientes vinculados a la crisis política de 2002 en Madagascar. Tan escabroso es el terreno que, cuando la tribu de los merina —la dominante en el país— atacó a los antankarana del norte, estos se refugiaron en las cuevas y tsingys del parque y resistieron tres años el asedio de una tropa mucho más numerosa y mejor armada.

Aún hoy son visibles los restos de fortificaciones subterráneas en la cueva de Ambatomanjahana. Desde entonces, las cavidades del Ankarana son fady, y el acceso está especialmente prohibido a los merina desde las guerras del siglo XVIII.

Qué es el fady

Fady es una palabra clave para comprender la cosmovisión del mundo malgache, y que el extranjero debe aprender rápido si quiere adentrarse mínimamente en las peculiaridades de este pueblo singular. Fady es lo tabú, lo prohibido: un objeto, acto o palabra emparentado con ese insondable abismo que para el ser humano supone el desconocimiento de los fenómenos que ocurren a su alrededor, y la impotencia que ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes para dar sentido a todas las cosas. En una sociedad tribal y aun anclada en el culto a los ancestros y la astrología, como la malgache, el fady se convierte en norma de vida.

Hay fadys en todas las regiones de Madagascar y en todas las situaciones de la vida de un individuo. Es fady matar camaleones o insultar a los ancestros. Es fady que los merina entren en las cuevas del Ankarana, o entrar en ellas con prendas que se metan por las piernas (como calzoncillos o pantalones; hay que ponerse encima un lamba, una especie de faja tradicional hecha de tela, hoy conocida como pareo), o fumar en el interior de las cavidades… y así hasta una lista interminable. Cada malgache y cada lugar tiene un completo y personalizado carné de fady. En esta isla roja, lo sobrenatural es lo cotidiano.

Además de la prohibición general para proteger el parque del Ankarana, existen otros fady culturales específicos de las cuevas: hacer ruido (gritar o silbar), tocar o pisar huesos y objetos culturales o formaciones vivas, y mantener relaciones sexuales en su interior. El acceso está prohibido a los descendientes de todas las tribus que han tenido conflictos históricos con la comunidad tradicional antankarana, así como a las mujeres en periodo de menstruación.

Acceso al Parque Nacional de Ankarana

Para llegar al norte de Madagascar desde Antananarivo se toma la carretera nacional RN4, la que lleva hacia Majunga, y en Ambondromamy se desvía hacia la RN6. Durante más de una década, mucha gente se quejó del estado de estas dos carreteras principales: se rehabilitaron durante el mandato de Marc Ravalomanana, en la Tercera República (2002-2009), pero después no recibieron ningún mantenimiento. Viajar por esa zona era un tormento: los camiones se hundían literalmente bajo tierra, por debajo de lo que se suponía que era el nivel del asfalto, lo que terminó por acabar con el potencial turístico del noroeste de la isla. Hoy en día, en cambio, el tramo entre Ambanja y Diego Suárez es una de las mejores carreteras del país, lo que da un nuevo impulso al sector turístico de la región.

El acceso a la meseta es posible bien por la carretera nacional principal, que se extiende de Diego Suárez a Ambilobe, o bien por una pista completamente deteriorada que parte de Anivorana. La zona del río Mananjeba y de los Contrafuertes del Sur está recorrida por una serie de pistas arenosas transitables en coche que llegan hasta los pueblos de Antsaravibe y Ambatoharanana. Estas pistas arrancan de la carretera nacional, 6 km al norte de Ambilobe, a la altura del pueblo de Isesy. Durante la temporada de lluvias, solo son transitables con un vehículo todoterreno.

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