El río Manambolo a los Tsingy de Bemaraha

El río Manambolo a los Tsingy de Bemaraha

Desde Tana, emprendemos nuestra aventura por el oeste de Madagascar descendiendo el río Manambolo en canoa. No es una ruta muy transitada por su aislamiento y dificultad de acceso, pero es principalmente la razón por la que la elegimos.

Tras media hora de vuelo sobre las tierras áridas y ríos tortuosos, la avioneta nos deja en Ankavandra, en otro tiempo una ciudad próspera por sus plantaciones de tabaco y algodón, aunque hoy reducida a aldea, que sobrevive en su mayor parte del turismo que desciende el río. Allí nos espera nuestro guía, Bozé, quien acoge a los visitantes en su propia casa, que además hace las veces de bar y tienda del pueblo.

Antes de iniciar el descenso del río, se realiza el ritual fomba para rogar protección a los ancestros, a los que se ofrece alcohol de fabricación local, el toaka gasy. Este pasa luego el resto del equipo, canoeros y viajeros incluidos, que echan un trago o derraman un poco por la cabeza.

¿Dónde están los Tsingy de Bemaraha y cómo llegar?

Los Tsingy de Bemaraha se encuentran en la región de Melaky, distrito de Antsalova, en el centro-oeste de Madagascar. La pequeña localidad de Bekopaka, puerta de acceso al parque, está situada a unos 150 km al norte de Morondava y a 350 km al suroeste de Mahajanga. El parque ocupa una superficie de 157.710 hectáreas y su clima es cálido y seco, con temperaturas más frescas durante la estación seca, aunque el ambiente conserva cierta humedad.

Descender en canoa el río Manambolo hasta los Tsingy de Bemaraha

El viaje para llegar hasta Bekopaka, la puerta de acceso a los Tsingy de Bemaraha, dura cuatro días. Durante ese tiempo, las canoas discurren a favor de la corriente, entre orillas jalonadas de aldeas sakalava, cuyos moradores abandonan la construcción de techos de palma, la fabricación de alcohol en rudimentarios alambiques, el cuidado del ganado, la pesca o la molienda del grano para festejar la novedad e intercambiar saludos e informaciones con los canoeros de Ankavandra.

Al final de la travesía, el paisaje cambia, se estrecha y los poblados escasean. La aparición de enormes paredes indica que se aproxima el macizo de Bemaraha y sus espectaculares tsingy. El guía nos informa que la palabra tsingy significa «el lugar donde solo se puede caminar de puntillas», como hacen algunos de los lémures que habitan estas tierras de piedra afilada. Es una densa red de fallas y bloques en equilibrios imposibles, de láminas esculpidas a golpe de lluvia y de afiladas agujas que desafían el cielo, todo ello declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1990.

Estas rocas calcáreas se formaron hace unos 200 millones de años, cuando el mar cubría íntegramente esta región. Las conchas y los corales se apilaron y soldaron hasta formar lechos calcáreos sobrepuestos que alcanzan espesores de más de cien metros, llegando en algunos puntos a los doscientos. Cuando el mar se retiró hace unos cinco millones de años, los lechos empezaron a carstificarse: el viento y la lluvia erosionaron lentamente la roca caliza, modelándola en las afiladas agujas que dan lugar a las formaciones actuales.

Los vazimba: la leyenda de los primeros habitantes de Madagascar

En el interior del macizo existen numerosas cuevas interconectadas. Según la tradición, estas cuevas sirvieron de refugio a los vazimba, considerados los primeros habitantes de Madagascar, cuando huían de los pueblos llegados desde las tierras altas, hacia el siglo XVI. Todavía pueden encontrarse tumbas vazimba en algunas de estas cuevas, por lo que quienes desean entrar deben respetar determinados rituales, como realizar una petición ceremonial y ofrecer ron tradicional malgache (toaka gasy), miel y otras ofrendas.

Los habitantes de la región afirman además que aún existe un grupo descendiente de los vazimba, conocido como los boesy, que viviría en las cuevas situadas en la parte occidental de Bemaraha.

¿Cuándo se creó el Parque Nacional de los Tsingy de Bemaraha?

En 1927, los Tsingy de Bemaraha fueron declarados Reserva Natural Integral, permitiéndose el acceso únicamente a investigadores. Posteriormente, con el fin de fomentar el turismo y responder a las necesidades de la población local, el área fue dividida en dos: la parte norte permaneció como Reserva Natural Integral, mientras que la parte sur, con una superficie de 72.340 hectáreas, fue declarada Parque Nacional en 1997. La superficie total de ambas zonas alcanza las 157.710 hectáreas, inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Cómo visitar los Tsingy de Bemaraha: circuitos y dificultad

La visita de este laberinto de piedra se realiza siempre en compañía de los guías del parque, que antes de emprender la ruta aconsejan en sus oficinas de Bekopaka algunos de los 8 circuitos obligados. Porque para ver estas formaciones —tanto los Petits Tsingy, de unos 30 metros de altura, como los Grands Tsingy, de unos 60 metros— es fundamental seguir el consejo de los expertos, ya que los grados de dificultad de las vías varían desde el sencillo al restringido para deportistas. Pero merece la pena.

Muchos recorridos incluyen cuevas profundas que exigen linternas de gran alcance y potencia para moverse entre estalactitas y estalagmitas, barro, filtraciones de agua y quince variedades diferentes de murciélagos. Por arriba, varios miradores espectaculares, situados sobre plataformas de madera, permiten una visión de 360 grados sobre gran parte del parque. Pasarelas y puentes colgantes completan unos recorridos de increíble belleza, muy bien preparados y seguros, pero que pueden resultar duros si no se tiene una preparación física razonablemente buena o, por descontado, si se sufre de vértigo o claustrofobia. Descubre las gargantas del río Manambolo y los Grands Tsingy de Bemaraha con nuestras rutas.

Qué animales y plantas se pueden ver en los Tsingy de Bemaraha

Aunque los Tsingy son conocidos principalmente por sus espectaculares formaciones calizas, también albergan un denso bosque seco caducifolio, cuyos árboles pierden sus hojas durante la estación seca. En la parte oriental predominan las sabanas, donde también se desarrolla una rica diversidad de flora y fauna. En este parque nacional se han registrado aproximadamente 650 especies de plantas, de las cuales el 86 % son endémicas de esta región.

Adaptaciones de la vegetación a la sequía:

  • Espinescencia: algunas transforman sus hojas en espinas para reducir la pérdida de agua.
  • Paquicaulia: otras desarrollan troncos engrosados que actúan como reservas de agua.
  • Reviviscencia: hay especies que casi detienen su actividad y crecimiento en la estación seca, y despiertan de nuevo con las primeras lluvias.
  • Nanismo: otras simplemente reducen su tamaño como estrategia de adaptación.

La biodiversidad animal de los Tsingy de Bemaraha es igual de sorprendente que su paisaje:

  • 11 especies de lémures, entre ellas el curioso aye-aye (Daubentonia madagascariensis) y el lémur ratón (Microcebus murinus).
  • Mamíferos endémicos de Madagascar, como el temible fosa (Cryptoprocta ferox).
  • 66 especies de reptiles, incluido el imponente camaleón conocido localmente como rakolaka vaventy.
  • Numerosas especies de aves, destacando el Coua gigante y Schlegel’s Asity.

 

¿Cuántos turistas visitan los Tsingy de Bemaraha al año?

Los Tsingy de Bemaraha reciben aproximadamente 7.000 visitantes al año. La existencia del Parque Nacional, la importancia otorgada a su conservación y la protección del medio ambiente han generado empleo y fuentes de ingresos para las comunidades locales. Cabe destacar que los propios visitantes también contribuyen a la preservación del entorno respetando las normas de conservación.

De Bekopaka a Morondava: ¿cómo es la carretera?

Cuando se accede a los Tsingy de Bemaraha desde el este, como hemos hecho nosotros, la ruta lógica lleva a descender hasta Morondava y Toliara, dos localidades situadas en el litoral del canal de Mozambique, para adentrarse luego en el oeste de la isla roja, una sabana seca y arenosa. La red de carreteras, por llamarla de alguna manera, es una prueba de paciencia y habilidad en la conducción por su mal estado. El asfalto desaparece por completo y la población sustituye, en la mayor parte de los casos, los pocos y caros vehículos por las tradicionales carretas tiradas por cebúes, que se adaptan mucho mejor a las estrechas pistas arenosas que comunican entre sí los poblados y que permiten además vadear los ríos sin miedo a ahogar el motor del vehículo.

En el camino desde Bekopaka hasta Morondava, nos encontramos con la población de Belo-sur-Tsiribihina, situada en la desembocadura del Tsiribihina, un río cuyo curso, amplio y caudaloso, es navegable para casi todo tipo de embarcaciones. Todo lo contrario que el del Manambolo, que discurre casi en paralelo, pero que se caracteriza por las profundas gargantas que lo rodean y su caudal irregular.

El santuario de los reyes Menabe y el ritual del fitampoha

Belo-sur-Tsiribihina es una localidad con mucha animación y un enorme tránsito de personas y mercancías que llegan y se van por el río. Acoge, además, el santuario en el que se conservan los restos de los antiguos reyes menabe. Cada diez años, los sakalava llevan a cabo la ceremonia del baño de esas reliquias, conocida como dady, en el caudal del Tsiribihina. Otro ritual destacado de la zona es el fitampoha, que dura una semana y consiste en ofrendar y sacrificar cebúes para propiciar la protección de los ancestros reales y la prosperidad de la región de Menabe. Este año el Fitampoha se celebrará del 20 al 28 de agosto de 2026.

Avenida de los Baobabs: imprescindible cerca de Morondava

Descendiendo por la costa, a unos cien kilómetros de Belo sur Tsiribihina, encontramos la capital del pueblo sakalava, Morondava. Unos veinte kilómetros antes de llegar, una docena de colosos de treinta metros de altura flanquean la estrecha pista de tierra. Es la impresionante Avenida de los Baobabs, formada por baobabs de la especie Adansonia grandidieri, aquí llamados renala o «madre del bosque». A la caída del sol, cuando la luz baja y los colores se incendian, multitud de turistas se congregan en este pequeño fragmento de pista para inmortalizar a los colosos en llamas.

Qué ver y cómo es la ciudad de Morondava

Pese a ser una de las principales ciudades de la isla, Morondava no parece haberse subido al carro del progreso. Por sus calles apenas asfaltadas circulan un gran número de vehículos y pequeños taxis compartidos que hacen sonar el claxon sin parar, mientras que del mercado central y de los almacenes propiedad de indo-paquistaníes sale un griterío incesante que se mezcla con las llamadas a la oración de los minaretes. La sensación es caótica, pero no parece importunar a los habitantes de esta ciudad, que se dividen, según creencias, en protestantes luteranos e islamistas sunitas moderados, estos cada vez más numerosos. Su influencia y dinero se reflejan en la enorme mezquita construida en el centro, cuyos minaretes pueden observarse desde cualquier punto de la localidad y son un útil punto de referencia para orientarse.

Fuera del centro, casi todos los hoteles, restaurantes y bares se ubican en la península de Nosy Kely, una lengua de tierra paralela al canal Helio, flanqueado a un lado por las aguas del mar, de donde se obtiene un excelente pescado fresco y una sabrosa langosta, y del otro por un manglar con una gran actividad de pesca de cangrejos y gambas. Por la noche es la única zona de animación.

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